No ha hecho falta mucho tiempo y con las primeras tormentas de verano, que afortunadamente no han sido muchas, hemos podido comprobar cómo la obra de la calle Padres Dominicos, además de ser lenta en su ejecución, ha sido todo un acierto como almacenamiento de agua.
El mismo día que abrieron la calle al tráfico ya se podían apreciar cómo se formaban charcos en prácticamente todo su recorrido, producto de ensayos, o bien de los ejecutantes o bien de algún vecino que se temía lo que podía ocurrir.
El caso es que, a pesar de que se sabía se dejó pasar el tiempo hasta que la naturaleza puso a cada cual en su sitio.
Es preocupante observar cómo de manera sistemática se equivocan en la ejecución de las obras: la calle de la Feria, la cadena delante de la puerta de urgencias del centro de salud, padres dominicos… El equipo de gobierno debería platearse esta cuestión porque son demasiados los fallos cometidos.